jueves, 27 de octubre de 2016

Los Pichiciegos de Rodolfo Fogwill


Los Pichiciegos es una novela ambientada en la guerra de las Malvinas, la narración principal transcurre a finales de mayo y principios de junio de 1982 y finaliza cuando los británicos ya han desembarcado en las islas y los soldados argentinos son hechos prisioneros y trasladados a Argentina.
Cuenta la historia de un grupo de soldados que desertan y se ocultan en un refugio subterráneo. Para el ejército oficialmente no existen, han sido dados muertos por la tropa. Su único objetivo es sobrevivir, confiando que la guerra acabe y puedan volver a casa.
Estos soldados, entonces, deciden dejar de combatir con el propósito de volver a sus casas. Es decir, su objetivo ya no era ganar la guerra, sino que se volcaron a sobrevivir, cualquiera sea la manera, para ‘volver al continente’ y reencontrarse con sus familias.
Para poder lograr este nuevo objetivo (después de todo ¿qué soldado nunca tiene como objetivo volver a su casa?) este grupo de chicos decidió cavar una trinchera secreta y estratégicamente ubicada, en la que pasarán sus días hasta que termine la guerra. Decidieron autodenominarse “pichiciegos” y, en efecto, el lugar fue denominado “la pichicera”.
El nombre de pichiciegos se lo dan a sí mismos por semejanza con un animal que vive ocultándose en cuevas que él mismo hace, un día que uno de ellos, un santiagueño, cuenta: “El Pichi es un bicho que vive abajo de la tierra. Hace cuevas. Tiene cáscara dura -un caparazón- y no ve. Anda de noche. Vos lo agarrás, lo das vuelta, y nunca sabe enderezarse, se queda pataleando panza arriba”.
En la "pichicera" tienen casi todo para sobrevivir: calor, provisiones, refugio; pero también puede ser esta el lugar justo para encontrar la muerte por desertores o por mera casualidad.
La ocupación de los pichiciegos es intercambiar mercaderías e información con los ingleses. Pasan la mayor parte del tiempo en el refugio y la vida que llevan se limita a tareas para mantenerse vivos, luchando contra el frío, las enfermedades, soportando el miedo de las bombas que hacen trepidar el refugio, evitando ser descubiertos, y tratando de conseguir comida, raciones, cigarrillos, combustible, pilas para linterna, polvo químico para eliminar el olor...
La pichicera tenía una organización que consistía en que “Los Reyes Magos” eran los que mandaban, y los demás pichis obedecían. También consistía de un almacenero que controlaba las provisiones y de patrullas que se encargaban de conseguir estas últimas.
Las patrullas salen por la noche, de noche hay menos viento, a conseguir recursos de ocasión, despojos de vehículos abandonados, de soldados muertos congelados o de restos de naufragios que llegan a las playas. También hacen intercambios o reciben ayuda de otros soldados argentinos, y de los británicos, de los que obtienen víveres, pilas de linterna, coque o querosén, a cambio de información o ayuda en las tareas de guerra.
Los pichis carecen absolutamente de futuro, caminan hacia la muerte, y en consecuencia, sólo pueden razonar en términos de estrategias de supervivencia. En muchos de los pasajes de la novela podemos ver que los pichiciegos admiraban a los soldados ingleses, y tenían como espectáculo las maniobras de sus aviones en el aire.
La manera en que los pichis relatan con admiración y encandilamiento muchas de las características de los ingleses nos hace ver otra cruda realidad: la diferencia entre los argentinos y los británicos era inmensa. Era inmensa en el sentido de preparación militar, de provisión de armas y equipamientos, de comida y de abrigo.
La miseria humana y la desesperación que podemos ver en la novela hace que estos actos, que algunos podrían tildar deshonrosos, cobardes o mercenarios, puedan ser entendidos por el lector; ya que ante situaciones de tales características la persona humana tiende a comportarse de la manera más instintiva que puede, para lograr sobrevivir.
Estos jóvenes e improvisados soldados que no fueron lo suficientemente preparados ni bien tratados por parte de sus militares de alto rango, ante las situaciones terroríficas que sufrieron decidieron luchar con el único objetivo de volver a casa.
La historia nos deja con la incertidumbre de poder saber si fue algo real o algo ficticio. Al final queda solo un pichi con vida, el cual relata casi toda la historia a un supuesto entrevistador. De manera que el narrador cuenta aquello que, a su vez, le contó el único sobreviviente del grupo.

La Señora Dalloway de Virginia Woolf


La señora Dalloway es la primera de las novelas con que Virginia Woolf revolucionó la narrativa de su tiempo, relata un día en la vida londinense de Clarissa, una dama de alta alcurnia casada con un diputado conservador y madre de una adolescente.
La historia comienza una soleada mañana de 1923 y termina esa misma noche, cuando empiezan a retirarse los invitados de una fiesta que se celebra en la mansión de los Dalloway. Aunque en el curso del día suceda un hecho trágico -el suicidio de un joven que volvió de la guerra con la mente perturbada-, lo verdaderamente esencial de la obra estriba en que los hechos están narrados desde la mente de los personajes, con un lenguaje capaz de dibujar los meandros y ritmos escurridizos de la conciencia.
Mrs Dalloway, a sus cincuenta y dos años, vive inmersa en obligaciones y quehaceres propios de su condición. Ese día en concreto, deberá encargarse de organizar una fiesta. Sin embargo un reencuentro le hará recapacitar sobre las decisiones que ha tomado a lo largo de su vida. ¿Acertó cuando, treinta años antes, se casó con el político Richard Dalloway? ¿No hubiese sido mejor la vida romántica y aventurera que le proponía Peter, su otro pretendiente?
Un simple paseo, la toma de decisiones triviales, sirven de excusa para preguntarse por quién gobierna nuestros destinos, en qué nos convertimos o por qué acabamos siendo la copia exacta de lo que nunca quisimos ser.
Tanto estos personajes como la narración se mueven en dos niveles: el histórico, externo y lineal, y el psicológico, interno y subjetivo. Al igual que el Ulises de James Joyce, Mrs. Dalloway se desarrolla en un solo día de la vida de los protagonistas, lo que se transforma en una sensación de estar viviendo en tiempo real los sucesos que se nos cuentan.
La línea argumental es simple y narra un acontecimiento banal: Mrs. Dalloway se prepara desde la mañana para recibir a sus amigos esa noche, en su casa. En la fiesta se reencontrarán personas que han dejado de verse durante años, y debido al reencuentro la historia se desarrolla en tres tiempos que se alternan: el pasado que compartieron, el presente que los reúne y enfrenta, y el futuro que los espera.
Desde los preparativos, Clarissa se deja invadir por los recuerdos. La protagonista se traslada a su adolescencia en Bourton, el campo, lugar en donde frecuentaba a los amigos que vendrán a su casa esa noche, y en donde conoció a su marido. Volver al pasado le permitirá analizar el presente, examinando el por qué de sus elecciones y proyectando a la vez su futuro, que en una mujer de más de 50, será la vejez.
Clarissa reconoce la fuerte atracción que un hombre como Peter ejerció sobre ella. Cuando vuelve a verlo, vuelve a sentir esa chispa, esa electricidad, esa provocación que fue parte del juego amoroso; pero ante ese juego, que ella encontró peligroso, valora la estabilidad y la serenidad que Richard Dalloway, su marido, le ofrecía y le ofrece. La estabilidad es la base de su relación matrimonial, madura y serena como buenos compañeros, pero carente de misterio y emoción. Son colegas, más que enamorados. La pasión está excluida. Clarissa eligió buscando seguridad.
La historia se inicia en la mañana, continúa en la hora del almuerzo, se detiene en la modorra de la siesta y las horas que quedan de la tarde, para culminar esa noche en la fiesta. Y así como la narración tiene mañana, tarde y noche, los personajes también fueron jóvenes (tuvieron mañana), luego adultos (están en la tarde) y viven conscientes de la proximidad de la vejez (que será la noche). Sin embargo, a pesar del paso del tiempo que todo lo transforma, hay algo que es inmutable: la esencia de las personas, ese conjunto de elementos que perduran más allá de las formas.

Juan Moreira de Eduardo Gutiérrez


Juan Moreira narra la historia de un campesino criollo habitante del partido de Las Matanzas (actual La Matanza, cordón industrial de Buenos Aires). La persecución de la que es objeto por parte de los hombres que representan la Justicia, su iniciación en el camino del crimen y la correlativa pérdida del sentimiento de integración social. Ambos enfatizan la entereza del héroe, su coraje, su dignidad y su amor por la libertad. Destacan el gusto por el trabajo, la afición al canto, el apego a la vida familiar y el culto a la amistad.
La vida de Juan Moreira estuvo llena de injusticias y se la ha considerado como representativa de las sufridas por el gaucho argentino, injusticias que lo llevarían a la muerte en abril de 1874 en Lobos. Durante cerca de treinta años Moreira llevó una vida tranquila, dedicando su tiempo al trabajo rural hasta conseguir su propio rancho, unas cuantas cabezas de ganado vacuno y algunas hectáreas de campo que destinó a la siembra.
Era una hombre alto y fornido que tomaba poco alcohol y no frecuentaba las pulperías; tenía buenos modales y era habilidoso con la guitarra, motivo por el cual era bien visto por "la Vicenta", de quien se enamoró y con quien se casó, contando con el pleno consentimiento del padre de Vicenta, un hombre muy respetado.
El casamiento con Vicenta sería el inicio de todos sus problemas ya que el Teniente Alcalde de la zona –conocido como Don Francisco- también estaba enamorado de ella y empezó a perseguirlo acusándole de hechos injustificables. La primera multa que recibió de Don Francisco fue por la fiesta de la noche de bodas sin la autorización del Teniente Alcalde, por lo que tuvo que pagar 500 pesos.
En aquel momento Moreira le había prestado a Sardetti, el almacenero del pueblo, unos 10.000 pesos que éste usaría para la compra de frutos del país; Sardetti no devolvía lo prestado por lo que Moreira –sin documentación que lo avalara- presentó la denuncia ante el Teniente Alcalde. No se sabe con certeza si Sardetti y Don Francisco se habían puesto en acuerdo, pero Sardetti negó la deuda y Moreira fue castigado con 48 horas de "cepo" (detención) acusado de reclamar lo que no era suyo.
Moreira, indignado por la situación, le juró a Sardetti una puñalada por cada mil pesos que le debía. Cumplió su promesa en un duelo a cuchillo en el propio almacén de Sardetti y a su regreso tuvo que pelear en su rancho contra Don Francisco y cuatro soldados que estaban allí para aprehenderlo. En el enfrentamiento Don Francisco y dos soldados resultaron muertos.
Fue a partir de este momento cuando empezó a ganar fama en la región. De este modo tuvo más peleas, las que siguió ganando, y muchas de las cuales eran desafíos de otros gauchos que querían probar su propia destreza. Con el tiempo empezó a trabajar como guardaespaldas de políticos a cambio de "limpiar su nombre", promesa que nunca fue cumplida.
Moreira tenía sólo un caballo bayo, un pequeño perro llamado "Cacique", un poncho, una facón y dos trabucos. Siempre dormía a cielo abierto con su perro "Cacique" que le servía de guardián y jamás desensillaba por si tenía que escapar. Recorrió las ciudades de Navarro, Las Heras, Lobos, 25 de Mayo y pasó algún tiempo en las tolderías del Cacique Coliqueo.
En abril de 1874 el juez de paz de Lobos, Casimiro Villamayor, por orden de Mariano Acosta, gobernador de la provincia de Buenos Aires, envía a 25 hombres que, al mando del comandante Bosch perteneciente a la policía de Buenos Aires, lo rodean en la almacén y pulpería "La Estrella", ubicada en lo que hoy es el Sanatorio Lobos en la intersección de las calles Chacabuco y Cardoner.
Juan Moreira decide ir a "La Estrella" con su amigo el gaucho Julián Andrade, aun sabiendo que estaba vigilado. En cuanto llegó, dos partidas policiales se prepararon para atraparlo: la de Lobos, dirigida por Pablo Berton, de la que formaba parte el famoso Sargento Chirino, y la enviada por el gobernador, al mando de Eulogio Varela y el comandante Bosch. Moreira dejó su caballo en el fondo detrás de una pared, listo en caso de necesitar escapar.
A las dos de la tarde llegó la partida y atrapó a Andrade. Moreira se vio entonces rodeado en la habitación, donde comenzó la lucha. Luego de enfrentarse con varios soldados y frente a frente con Varela, a quien hirió en una pierna, Moreira escapa de la habitación y salta al patio. Allí hirió a Berton en la mano y volvió a enfrentarse en duelo de sable y daga con Varela, a pesar de su herida. Embistiendo a los policías con su daga, tomó el patio y quedó a la vista de la pared del fondo, del otro lado del aljibe, sin saber que allí estaba escondido el Sargento Chirino. Y cuando ya había trepado casi la pared del fondo para escapar en su caballo, Chirino lo atravesó con su bayoneta, clavándolo a la pared.
“¡Ah!, ¡cobarde!, cobarde -murmuró, dejando caer la daga de entre los dientes-, a hombres como yo no se les hiere por la espalda, ¡no podés negar que sos justicia!” Clavado como estaba, Moreira alcanzó sin embargo a disparar a Chirino, hiriéndolo en un ojo. Liberado de la bayoneta, el gaucho malherido volvió a embestir a los policías, cayendo finalmente y muriendo con una sonrisa.
Moreira dejó un hijo, de igual nombre. Sus restos mortales se encuentran en el cementerio de Lobos.

viernes, 21 de octubre de 2016

El amor brujo de Roberto Arlt


En 1932 Arlt publica su última novela: “El amor brujo”, un alegato contra el matrimonio burgués, su falsa moral y sus intereses materiales. Narra el romance entre el ingeniero Estanislao Balder (de 30 años) e Irene Loayza, una joven de familia de clase media con 19 años, residente en Tigre.
Balder, casado y con un hijo de seis años, se enamora perdidamente de Irene, y establece un noviazgo con la adolescente. Hay otra historia secundaria, la de Zulema, amiga de Irene y mayor que ella, cuyo matrimonio con el mecánico Alberto no es feliz. Balder se separa finalmente de Irene, y luego de una serie de desilusiones se reconcilia con su esposa. Balder es hipócrita y mezquino, haragán y triste, físicamente deja mucho que desear: Era un hombre de aspecto derrotado, cargado de espaldas, que llevaba con abandono su traje gris. Nada que pueda hechizar una adolescente sonriente y pura. En síntesis, Balder era uno de los tantos tipos que denominamos hombre casado. Tanto es así que algo de brujo e hipnótico llevará el maltrecho ingeniero a tomar en consideración la separación de su mujer dejando que la madre de Irene lo manipule (interesada en asegurar un futuro a su hija, explotando el instinto sexual del hombre).
Además, una historia paralela, en la que Balder ve una suerte de réplica de sus propias relaciones con Irene, se desarrolla al mismo tiempo: es la de Zulema, amiga de Irene, cuyo matrimonio con el mecánico Alberto no marcha bien. La historia termina cuando Irene se entrega a Balder y éste comprueba que no era virgen, tal como le había jurado. Ante el engaño, resuelve romper sus relaciones con la muchacha. Simultáneamente, Alberto se presenta para contarle que Zulema le es infiel.
Hay que añadir que "El amor brujo", también con sus aspectos alucinados y con sus flujos de conciencia, nos reserva momentos en que el grotesco y la ironía se acompañan de manera eficaz a los tormentos del ingeniero Balder y a las contradicciones de Argentina: «¿En qué país estamos? Este obrero, que tiene la obligación moral de ser revolucionario, me viene a conversar a mí, que soy un ingeniero, de la necesidad de respetar los convencionalismos sociales. Qué lástima no estar en Rusia. Yo lo habría fusilado».
¿Ha cambiado algo La Argentina?

miércoles, 19 de octubre de 2016

Sin rumbo de Eugenio Cambaceres

Narra la historia de Andrés, un joven acostumbrado a vivir a su manera y sin ningún escrúpulo. Un día, cansado del aburrimiento de su hacienda, decide ir a la casucha del puestero y comienza un romance clandestino con la hija del mismo, Donata, a quien deja embarazada. Una vez que lo hace, la abandona y se marcha a la ciudad. En la ciudad visita frecuentemente el Teatro Colón, en donde conoce a una cantante de ópera llamada Marietta Amorini, la prima donna de Aída. Amorini cede inmediatamente a las insinuaciones de Andrés pero, después de quince días de haber comenzado su apasionado romance, éste se aburre y decide volver a su hacienda en el campo. Cuando regresa, ve que la campesina había muerto pero su hija (Andrea) continúa viva, por lo que asume que es hija suya y se hace cargo de ella. De esta forma Andrés comienza a cambiar su modo de vida en beneficio de su pequeña hija. Pese a su felicidad, un día Andrea enferma de difteria y, muy debilitada, fallece. Andrés, destruido por la tragedia que lo había marcado a él y a su hija, se suicida, dando final a la historia.