Jules Maigret es comisario de la policía judicial de París. Tiene su despacho en Quai des Orfèvres.
Fue hijo único. Su padre era el administrador de una finca cerca de Moulins. Su madre murió durante un parto cuando Jules tenía 8 años. Con 12 años fue enviado a un internado en Moulins y a los 13 se fue a vivir a Nantes con la familia de su tía, dueños de una panadería. Estudió durante 2 años la carrera de Medicina, pero a la muerte de su padre, abandonó sus estudios y se trasladó a París. Se alojó en una pensión de la Rive Gauche mientras buscaba trabajo.
Gracias a la recomendación de un conocido ingresó en la policía, comenzó como guardia uniformado repartiendo correspondencia por todo París. Conoció cada rincón de una ciudad en la que todavía se viajaba en coche de caballos. Después fue secretario de un comisario del barrio de St. Georges. Trabajó también en la calle, vigilando grandes almacenes, en la brigada de costumbres y en la Gare du Nord. A los 30 años ingresó en homicidios. Su experiencia anterior le capacitó para conocer y comprender a los delincuentes habituales, con los que comparte cierta familiaridad y para ser muy consciente del abismo social que media entre las gentes del distrito XX y la opulencia del centro de París.
Conoció a la que sería su mujer en una velada a la que le invitó un amigo. Enseguida se interesaron el uno por el otro, pero él no se atrevía a declararse por pensar que tenía poco que ofrecer a una mujer de una clase social superior a la suya. Finalmente, empujados por la familia de ella, se comprometieron y casaron. Pese a que el sueldo de Maigret apenas les alcanzaba para remendar los zapatos que él gastaba en sus rondas, eran felices. La única tristeza que nubló su idílica vida conyugal fue la falta de hijos. Con el ascenso de Maigret, su posición social mejoró. Viven durante años en el Boulevard Richard-Lenoir, cerca de la Bastilla.
Alto, de espaldas anchas. Rostro amplio, mirada serena. Viste un abrigo de cuello de terciopelo, sombrero hongo y en su mano suele haber una pipa.
Maigret es humilde y su autoridad emana de la fuerza de sus argumentos. No tiene un método definido de investigación: a veces deja transcurrir la trama y otras tiende trampas. Unas veces emplea todos los métodos clásicos: interrogatorios a testigos y sospechosos, reconstrucciones, técnicas forenses y otras se vale se su intuición. En ocasiones duda de la culpabilidad de un acusado y en otras está seguro desde el principio.
Gracias a la recomendación de un conocido ingresó en la policía, comenzó como guardia uniformado repartiendo correspondencia por todo París. Conoció cada rincón de una ciudad en la que todavía se viajaba en coche de caballos. Después fue secretario de un comisario del barrio de St. Georges. Trabajó también en la calle, vigilando grandes almacenes, en la brigada de costumbres y en la Gare du Nord. A los 30 años ingresó en homicidios. Su experiencia anterior le capacitó para conocer y comprender a los delincuentes habituales, con los que comparte cierta familiaridad y para ser muy consciente del abismo social que media entre las gentes del distrito XX y la opulencia del centro de París.
Conoció a la que sería su mujer en una velada a la que le invitó un amigo. Enseguida se interesaron el uno por el otro, pero él no se atrevía a declararse por pensar que tenía poco que ofrecer a una mujer de una clase social superior a la suya. Finalmente, empujados por la familia de ella, se comprometieron y casaron. Pese a que el sueldo de Maigret apenas les alcanzaba para remendar los zapatos que él gastaba en sus rondas, eran felices. La única tristeza que nubló su idílica vida conyugal fue la falta de hijos. Con el ascenso de Maigret, su posición social mejoró. Viven durante años en el Boulevard Richard-Lenoir, cerca de la Bastilla.
Alto, de espaldas anchas. Rostro amplio, mirada serena. Viste un abrigo de cuello de terciopelo, sombrero hongo y en su mano suele haber una pipa.
Maigret es humilde y su autoridad emana de la fuerza de sus argumentos. No tiene un método definido de investigación: a veces deja transcurrir la trama y otras tiende trampas. Unas veces emplea todos los métodos clásicos: interrogatorios a testigos y sospechosos, reconstrucciones, técnicas forenses y otras se vale se su intuición. En ocasiones duda de la culpabilidad de un acusado y en otras está seguro desde el principio.
En "El perro canelo" Maigret trabaja en la brigada móvil de Rennes y es destinado a Concarneau para descubrir que se esconde tras una serie de misteriosos sucesos.
"La bailarina del Gai-Moulin" transcurre en Lieja. Dos jóvenes encuentran el cadáver de un hombre y son acusados de asesinato. Maigret es casi un personaje secundario que aparece a mitad del libro para sorprender con su actuación y métodos a sus compañeros belgas.
En "Las memorias de Maigret" el protagonista cuenta su biografía y su relación con Simenon al que dice haber conocido en 1927 cuando era un aprendiz de escritor. Ninguno de los dos se interesa por los crímenes pasionales o por los de los delincuentes habituales, más bien los de aquellos que un día acaban matando sin estar preparados para ello.
En "Una confidencia de Maigret" el comisario rememora un caso antiguo, un hombre es acusado del asesinato de su mujer. Nadie duda de su culpabilidad, salvo Maigret.
"La bailarina del Gai-Moulin" transcurre en Lieja. Dos jóvenes encuentran el cadáver de un hombre y son acusados de asesinato. Maigret es casi un personaje secundario que aparece a mitad del libro para sorprender con su actuación y métodos a sus compañeros belgas.
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En "Una confidencia de Maigret" el comisario rememora un caso antiguo, un hombre es acusado del asesinato de su mujer. Nadie duda de su culpabilidad, salvo Maigret.
