jueves, 27 de octubre de 2016

Juan Moreira de Eduardo Gutiérrez


Juan Moreira narra la historia de un campesino criollo habitante del partido de Las Matanzas (actual La Matanza, cordón industrial de Buenos Aires). La persecución de la que es objeto por parte de los hombres que representan la Justicia, su iniciación en el camino del crimen y la correlativa pérdida del sentimiento de integración social. Ambos enfatizan la entereza del héroe, su coraje, su dignidad y su amor por la libertad. Destacan el gusto por el trabajo, la afición al canto, el apego a la vida familiar y el culto a la amistad.
La vida de Juan Moreira estuvo llena de injusticias y se la ha considerado como representativa de las sufridas por el gaucho argentino, injusticias que lo llevarían a la muerte en abril de 1874 en Lobos. Durante cerca de treinta años Moreira llevó una vida tranquila, dedicando su tiempo al trabajo rural hasta conseguir su propio rancho, unas cuantas cabezas de ganado vacuno y algunas hectáreas de campo que destinó a la siembra.
Era una hombre alto y fornido que tomaba poco alcohol y no frecuentaba las pulperías; tenía buenos modales y era habilidoso con la guitarra, motivo por el cual era bien visto por "la Vicenta", de quien se enamoró y con quien se casó, contando con el pleno consentimiento del padre de Vicenta, un hombre muy respetado.
El casamiento con Vicenta sería el inicio de todos sus problemas ya que el Teniente Alcalde de la zona –conocido como Don Francisco- también estaba enamorado de ella y empezó a perseguirlo acusándole de hechos injustificables. La primera multa que recibió de Don Francisco fue por la fiesta de la noche de bodas sin la autorización del Teniente Alcalde, por lo que tuvo que pagar 500 pesos.
En aquel momento Moreira le había prestado a Sardetti, el almacenero del pueblo, unos 10.000 pesos que éste usaría para la compra de frutos del país; Sardetti no devolvía lo prestado por lo que Moreira –sin documentación que lo avalara- presentó la denuncia ante el Teniente Alcalde. No se sabe con certeza si Sardetti y Don Francisco se habían puesto en acuerdo, pero Sardetti negó la deuda y Moreira fue castigado con 48 horas de "cepo" (detención) acusado de reclamar lo que no era suyo.
Moreira, indignado por la situación, le juró a Sardetti una puñalada por cada mil pesos que le debía. Cumplió su promesa en un duelo a cuchillo en el propio almacén de Sardetti y a su regreso tuvo que pelear en su rancho contra Don Francisco y cuatro soldados que estaban allí para aprehenderlo. En el enfrentamiento Don Francisco y dos soldados resultaron muertos.
Fue a partir de este momento cuando empezó a ganar fama en la región. De este modo tuvo más peleas, las que siguió ganando, y muchas de las cuales eran desafíos de otros gauchos que querían probar su propia destreza. Con el tiempo empezó a trabajar como guardaespaldas de políticos a cambio de "limpiar su nombre", promesa que nunca fue cumplida.
Moreira tenía sólo un caballo bayo, un pequeño perro llamado "Cacique", un poncho, una facón y dos trabucos. Siempre dormía a cielo abierto con su perro "Cacique" que le servía de guardián y jamás desensillaba por si tenía que escapar. Recorrió las ciudades de Navarro, Las Heras, Lobos, 25 de Mayo y pasó algún tiempo en las tolderías del Cacique Coliqueo.
En abril de 1874 el juez de paz de Lobos, Casimiro Villamayor, por orden de Mariano Acosta, gobernador de la provincia de Buenos Aires, envía a 25 hombres que, al mando del comandante Bosch perteneciente a la policía de Buenos Aires, lo rodean en la almacén y pulpería "La Estrella", ubicada en lo que hoy es el Sanatorio Lobos en la intersección de las calles Chacabuco y Cardoner.
Juan Moreira decide ir a "La Estrella" con su amigo el gaucho Julián Andrade, aun sabiendo que estaba vigilado. En cuanto llegó, dos partidas policiales se prepararon para atraparlo: la de Lobos, dirigida por Pablo Berton, de la que formaba parte el famoso Sargento Chirino, y la enviada por el gobernador, al mando de Eulogio Varela y el comandante Bosch. Moreira dejó su caballo en el fondo detrás de una pared, listo en caso de necesitar escapar.
A las dos de la tarde llegó la partida y atrapó a Andrade. Moreira se vio entonces rodeado en la habitación, donde comenzó la lucha. Luego de enfrentarse con varios soldados y frente a frente con Varela, a quien hirió en una pierna, Moreira escapa de la habitación y salta al patio. Allí hirió a Berton en la mano y volvió a enfrentarse en duelo de sable y daga con Varela, a pesar de su herida. Embistiendo a los policías con su daga, tomó el patio y quedó a la vista de la pared del fondo, del otro lado del aljibe, sin saber que allí estaba escondido el Sargento Chirino. Y cuando ya había trepado casi la pared del fondo para escapar en su caballo, Chirino lo atravesó con su bayoneta, clavándolo a la pared.
“¡Ah!, ¡cobarde!, cobarde -murmuró, dejando caer la daga de entre los dientes-, a hombres como yo no se les hiere por la espalda, ¡no podés negar que sos justicia!” Clavado como estaba, Moreira alcanzó sin embargo a disparar a Chirino, hiriéndolo en un ojo. Liberado de la bayoneta, el gaucho malherido volvió a embestir a los policías, cayendo finalmente y muriendo con una sonrisa.
Moreira dejó un hijo, de igual nombre. Sus restos mortales se encuentran en el cementerio de Lobos.

viernes, 21 de octubre de 2016

El amor brujo de Roberto Arlt


En 1932 Arlt publica su última novela: “El amor brujo”, un alegato contra el matrimonio burgués, su falsa moral y sus intereses materiales. Narra el romance entre el ingeniero Estanislao Balder (de 30 años) e Irene Loayza, una joven de familia de clase media con 19 años, residente en Tigre.
Balder, casado y con un hijo de seis años, se enamora perdidamente de Irene, y establece un noviazgo con la adolescente. Hay otra historia secundaria, la de Zulema, amiga de Irene y mayor que ella, cuyo matrimonio con el mecánico Alberto no es feliz. Balder se separa finalmente de Irene, y luego de una serie de desilusiones se reconcilia con su esposa. Balder es hipócrita y mezquino, haragán y triste, físicamente deja mucho que desear: Era un hombre de aspecto derrotado, cargado de espaldas, que llevaba con abandono su traje gris. Nada que pueda hechizar una adolescente sonriente y pura. En síntesis, Balder era uno de los tantos tipos que denominamos hombre casado. Tanto es así que algo de brujo e hipnótico llevará el maltrecho ingeniero a tomar en consideración la separación de su mujer dejando que la madre de Irene lo manipule (interesada en asegurar un futuro a su hija, explotando el instinto sexual del hombre).
Además, una historia paralela, en la que Balder ve una suerte de réplica de sus propias relaciones con Irene, se desarrolla al mismo tiempo: es la de Zulema, amiga de Irene, cuyo matrimonio con el mecánico Alberto no marcha bien. La historia termina cuando Irene se entrega a Balder y éste comprueba que no era virgen, tal como le había jurado. Ante el engaño, resuelve romper sus relaciones con la muchacha. Simultáneamente, Alberto se presenta para contarle que Zulema le es infiel.
Hay que añadir que "El amor brujo", también con sus aspectos alucinados y con sus flujos de conciencia, nos reserva momentos en que el grotesco y la ironía se acompañan de manera eficaz a los tormentos del ingeniero Balder y a las contradicciones de Argentina: «¿En qué país estamos? Este obrero, que tiene la obligación moral de ser revolucionario, me viene a conversar a mí, que soy un ingeniero, de la necesidad de respetar los convencionalismos sociales. Qué lástima no estar en Rusia. Yo lo habría fusilado».
¿Ha cambiado algo La Argentina?

miércoles, 19 de octubre de 2016

Sin rumbo de Eugenio Cambaceres

Narra la historia de Andrés, un joven acostumbrado a vivir a su manera y sin ningún escrúpulo. Un día, cansado del aburrimiento de su hacienda, decide ir a la casucha del puestero y comienza un romance clandestino con la hija del mismo, Donata, a quien deja embarazada. Una vez que lo hace, la abandona y se marcha a la ciudad. En la ciudad visita frecuentemente el Teatro Colón, en donde conoce a una cantante de ópera llamada Marietta Amorini, la prima donna de Aída. Amorini cede inmediatamente a las insinuaciones de Andrés pero, después de quince días de haber comenzado su apasionado romance, éste se aburre y decide volver a su hacienda en el campo. Cuando regresa, ve que la campesina había muerto pero su hija (Andrea) continúa viva, por lo que asume que es hija suya y se hace cargo de ella. De esta forma Andrés comienza a cambiar su modo de vida en beneficio de su pequeña hija. Pese a su felicidad, un día Andrea enferma de difteria y, muy debilitada, fallece. Andrés, destruido por la tragedia que lo había marcado a él y a su hija, se suicida, dando final a la historia.